La revolución de los oficios: que no haya nadie que por lo menos no haya hecho una carrera corta

Una apuesta a un Uruguay en el que todos tengan por lo menos un oficio que les dé una verdadera dignificación. La necesidad de proyectos hechos pensando en la gente y en las características de sus pobladores, constituye el paradigma que propone Homero Mieres desde Ma-Pa.Esta escuela cuenta en la actualidad con más de 30 mil egresados en oficios y carreras cortas realizados en tres, seis, nueve o doce meses. La institución no cobra matrícula ni exige exámenes de sus alumnos.Aporta también un plan especial de capacitación para uruguayos en el extranjero que viajan al país.

Recuerda Homero Mieres, director de Ma-Pa que “nosotros como escuela tenemos 37 años de existencia, ya que en 1971 la fundamos con la sicóloga Mabel Portillo. Su nombre Ma-Pa, significa Madre-Padre, término muy común en los niños cuando tienen dos años. Nosotros somos profesionales sicólogos y sabemos bien que uno de los problemas principales en la vida de muchas personas, es que si no se tiene padre ni madre fallan las 7 C de la vida. Esas 7 C, significan tener Casa, tener Comida, tener Cariño. Y cuando hablamos

de Cariño, a su vez tener tres cosas más como son el Contacto Corporal Cotidiano.

Y en todo eso hay que contar además la otra C, que es Cultura. Y la otra, que es Capacitación. Porque al individuo

que le faltan esas 7 C está desarmado”.

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EL PROBLEMA DE QUIENES NO TIENEN OFICIO

Dice Mieres que “nosotros promovemos en todos lados -en cada acto que participo, cada escuela que fundo o en cada radio que hablo- la revolución del oficio. El gran vacío que está teniendo Uruguay es que hay 50 mil jóvenes que no estudian ni trabajan y esa es una tragedia para el futuro. Otra de las tragedias del país es que hay 20 mil jóvenes cada año que entran a la comisaría de menores y luego salen a la calle nuevamente en peores condiciones. Los chicos que cometen esos asesinatos, esos delitos, hacen la locura de este mundo que será peor. Son esos

20 mil jóvenes de quienes sabemos cuál será el final. Sabemos dónde están los próximos transgresores, los próximos ladrones o asesinos, que estarán entre esos 20 mil chicos. No es que nacieran malos, ya que

el hombre no nace malo. Eso es resultado de la falta de oportunidades, de una familia que se destruyó, de una serie de componentes complejos. Una de las grandes crisis que sufre el mundo es moral y cultural, y se transforma luego en económica, y se da en el hombre”.

Afirma que “si uno toma a Uruguay, un país chico, lindo y culturizado, y analiza sus cifras, siente escalofríos. De acuerdo a la ONG Un techo para mi país, cada dos o tres meses aparece un nuevo asentamiento en

Uruguay. Ahí falla una de las 7 C: la casa.

Un nuevo asentamiento es gente que busca espacio porque no puede pagar el alquiler, porque el trabajo no le da. Estas cifras se reflejan en una encuesta nacional que publicaron todos los medios”.

Para él, “si se hace una proyección nacional tomando una serie de datos concretos, se prevé que en los próximos años solo el 4% de la población permanezca en el campo ya que su población se ha ido yendo

para los cordones, de lugares como Las Piedras, o Pando, donde hay un alto índice de transgresiones. Es gente sin posibilidades que ha sido desplazada por múltiples factores.

Según el último congreso de Tierra Firme que se realizó en San José, se perdieron entre 150 y 300 mil hectáreas de gente que trabajaba la lechería y fueron desplazados por los eucaliptos, por la soja o la crisis

económica. La mitad de los tamberos no son dueños de su tierra y cabe preguntarse

cuántos quedarán tras la última sequía. Recordemos que hace poco había 4 mil apicultores y hoy solo quedan 2 mil. No hace mucho había 7 mil chancheros y hoy quedan poco más de mil. Si se siguen tomando estas cifras, uno se alarma. Había miles de paperos chicos y hoy quedan solo diez paperos grandes y cuando falta el producto

hay que traerlo del exterior”.

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UN PAÍS HACIA LO vERDE Y LA TIERRA

Para el director de Ma-Pa, lo que ocurre es que al país le falta un proyecto “hacialo verde, hacia la tierra, hacia la dignificación del hombre. Se van alrededor de 50 mil jóvenes por año. Y se van porque no les hemos creado el espacio de esperanza y porque no encuentran un proyecto. Solo que se nos va muy buena gente. Eso es muy

grave, porque si se toma la proyección de las últimas cifras de natalidad, vemos que en cien años Uruguay se queda sin gente, porque todo el mundo aquí será viejo. Esa es una de las realidades del Uruguay en cifras,

y es que este país debe revertirse y analizarse en todas sus formas. Y ahí está en el centro, la necesidad del oficio”.

Acota que “siempre se ve esos muchachos que delinquen y sé que no se trata de un problema de encerrarlos, pues sino deberíamos tener demasiadas cárceles. Es un problema de que los jóvenes deben tener posibilidades y para ello se necesita capacitarlos. Debe haber leyes de sentido común.

Yo siempre hablo de revolución verde y sentido común, porque siempre digo que lo verde es parte de la felicidad del hombre. El país más feliz del mundo, según una encuesta

Tiene seguridad y la gente cuenta con las posibilidades de proyectos de futuro, y de afincarse. Es interesante ver dónde están esos países y dónde Uruguay, con su alto índice de suicidios. Es un país que tiene mucha posibilidad de verde pero no está pensado para eso”. Recuerda que nosotros tenemos pueblitos vacíos. “Yo siempre hablo de un ejemplo y es el de Pueblo Aznárez, que está ahí, próximo a Maldonado y Canelones, y supo ser un polo productivo azucarero a principios del siglo XX, que daba trabajo a miles de personas que llegaban a la zafra. Eso fue

un hervidero y hoy son solo galpones vacíos y campos de chircas. Sin embargo, la fruta para Maldonado va desde Montevideo y la tierra allí es fantástica. La fruta a veces viene de Salto y vuelve a Salto en este país

del absurdo. Si vemos a Treinta y Tres, tenía grandes quintas. Había un barrio que se llamaba Las Delicias porque allí estaban las grandes quintas de frutas, había granjas y chacras fantásticas. Hoy no hay ninguna y toda la fruta va desde Montevideo. Si pensamos en Melo, era el pueblo de los naranjales y hasta lo pintó Juana de Ibarbourou,

cuando cantaba en sus poemas al gurisito de las naranjas. Hoy no hay ninguna naranja, sino que vienen de Salto a Montevideo y de allí a Melo. Aquí falta sentido común y algo le está pasando a este país y a sus dirigentes”.

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UNIDADES DE PRODUCCIÓN Y DOCENCIA
Dice que cuando piensa en “los 20 mil jóvenes de que hablamos, y que los llevan donde los llevan, y que siguen cometiendo transgresiones y son los que matan… El otro día un chiquito que trabajaba en la Terminal de ómnibus de Río Branco salió con unos pesitos, y otros dos lo asesinaron a las pocas cuadras. De esos dos, uno tenía 250

entradas en la comisaría de menores y el otro 120. Según dice Enrique Viana –Fiscal Letrado Nacional- el joven que mata tiene unos diez meses de reclusión y luego vuelve a la calle. El récord mundial lo tendría

un chico de Santa Lucía que entró 500 veces a la comisaría. Otro, el Mono Mono tiene más de 200. Y esto forma parte de la omisión de la estructura y de las leyes. Cuando un chico transgredió una y otra vez, debería

el Estado, con leyes que lo habilitaran, tomarlo a su cargo. Yo haría unidades de producción y docencia. Crearía en todos los departamentos muchas de estas unidades. Funcionarían en cascos de estancia o en otras estructuras acondicionadas para tal fin, adonde se llevaría a esos chicos. Pero hay que tomarlos a tiempo y no después

de 500 veces, cuando ya están destruidos tras haber entrado tanto a esas escuelas del crimen, que son los centros de reclusión. En esa segunda vez, porque el padre no lo asume, lo obligo a aprender un oficio, a hacer lechería, a arreglar tractores, a hacer fibra de vidrio, a prepararse allí en escuelas chicas de unas 50 personas”.

Sostiene que en esas unidades de producción y docencia “tengo a esos chicos, les enseño, les doy oportunidades y a la vez les pago una dotación mensual, como se hacía antes con los presos. Lo dignifico, porque esa persona no nació mala, sino que las posibilidades de un mundo complejo donde nada es fácil, lo llevaron a esa situación.

Entonces los obligo a un camino. El Estado no puede ser omiso como es ahora. Y es así que se ha creado una sociedad encerrada, donde están los que se encuentran presos, que no son estos jóvenes, sino que es

la sociedad. Si se hace un recorrido por la ciudad, se comprueba que no hay una casa que no tenga rejas. Diría más: mientras medio Uruguay está con rejas, el otro medio no tiene plata para tenerlas. Y esto es una locura en un país interesante como éste, donde el 95 por ciento de la tierra es arable y cultivable, con posibilidades tremendas,

pero donde se desarrollan proyectos que no son los adecuados. La forestación es buena cosa, pero cuando se plantan 100 hectáreas de árboles, desapareció la fauna, el tambo y todo aquello que es signo de vida. Es verdad que deja dividendos y eso sirve, pero sirve no para crear un país que sea árbol más árbol más árbol. Se debe promover un

plan ceibal agrointeligente”.

EL GRAN RECURSO DE NUESTRA TIERRA
Cuando siente que en Cardal empezó el Plan Ceibal para informatizar a los chicos “me parece bien, pero es ahí, en  el corazónde la lechería, donde casi todos los tamberos se fundieron, y donde en este momento los salvó un productor de Young que les llevó 100 camiones con ración para auxiliarlos. ¿Y de qué vale informatizar a esos chicos si mañana no tienen un tambo tecnificado y ni siquiera hay tambo? Entonces ¿no vamos a informatizar al campo para que se vaya hasta el último cuatro por ciento de pobladores que aún tiene? Porque si ahí no hay donde aplicar la cibernética, lo que les  queda es mirar lo que hace el otro mundo.

Es como fue el ferrocarril en Uruguay: vino todo hacia Montevideo, y en solo cincuenta años se vació el país. De 1900 a 1949 cuando los ingleses lo vendieron, el país se quedó vacío y se hizo una gran cabeza y el campo quedó desierto. En 1956 cuando la primera muestra de la producción nacional, en el Cilindro Municipal, había 27 mil industrias”.

Mieres invita a que pensemos lo que eran los frigoríficos hace unas décadas. “Por ejemplo el Swift, que era una verdadera universidad del trabajo. Allí se envasaban porotos, chauchas, se hacían dulces. Y estaba el Frigorífico Nacional, que era estatal. Yo la primera vez que comí dulce de tomate era de ese frigorífico. Con esto quiero decir que necesitamos sí a estos frigoríficos que han venido últimamente, pero precisamos un frigorífico enfocado hacia la producción que le dé comida al chacarero. Cuando siento a un candidato que dice que para resolver el problema del campo hay que traer bolivianos y paraguayos, vemos que no tienen sentido común. Hay que darles posibilidades a esa gente que está en los cordones de Barros Blancos, que hoy ni escuela tienen y que viven en lo que son los

centros de los chicos perdidos. Hay que lograr que esos productores que fueron corridos del campo, puedan volver. Y que vuelvan con cierta estructura, porque la chacra no es mágica y hay que crear modelos inteligentes, hay que repensarlos. Y a veces el mundo está muy metido en mucho barniz y poca madera. Mucha promoción y poco contenido. Y eso es terrible porque nos vacía de los elementos esenciales”.

En ese marco es que Ma-Pa se inserta “como una revolucionadora de los oficios, crea escuelas en el interior y en los barrios. Hoy ofrecemos más de cien oficios en carreras cortas. Esto quiere decir que nosotros hacemos esta propuesta para quien perdió el tren: al hombre maduro, al joven que no terminó la escuela. Nosotros no le pedimos nada, y si quiere hacer un curso, bienvenido. Aquí tenemos cursos tales como auxiliar veterinario, o de producción equina, donde somos la única escuela que da cursos de cría de caballos. Hacemos cursos de cultivos de hongos o de producción orgánica. Y tenemos el único curso de producción granjera del país, porque el que tenía el Estado se cerró”. Acota que “apuntamos a un proyecto de país que tenga una base en el oficio. Que no haya ningún individuo sin por lo menos una carrera corta. Ese sería nuestro planteo como deseo y proyecto. Hacemos lo que se puede desde una escuela chica, que funciona con una filosofía determinada. Y eso somos nosotros, ofreciendo también cursos de relojería, oficios que se perdieron pero que aquí existen. Cursos de reparación de celulares que ya tienen cinco o seis años, y nosotros en cuatro meses capacitamos para esas reparaciones. Hacemos cursos de fibra de vidrio, porque con la fibra de vidrio alguien puede hacerse millonario en poco tiempo, en la medida que se ponga a hacer piscinas o material para surf. Y rápidamente, aunque no sepa leer, puede tener un medio de vida que lo dignifique. El hombre que no tiene oficio es un hombre vacío. El oficio dignifica, así como cuando sentimos

orgullo por el herrero, por el vecino. El herrero, el carpintero, el chapista, ese hombre que a veces no sabíamos ni cómo se llamaba, y si sabíamos el nombre no conocíamos el apellido, pero lo importante era su dignidad.

Él era el carpintero o el sanitario de casa. Debemos volver a sentir orgullo, como lo planteara José Arias, quien trabajó tanto para que tuviéramos una Universidad del Trabajo. Era la dignidad del oficio. Y hoy entonces nos metimos en la dignidad de la cibernética, y la cibernética es un buen idioma, pero si no está acompañado de los

otros, su poseedor es un hombre vacío. Puede ir a Internet pero no resuelve los problemas de comer diariamente”.

Esta escuela, Ma-Pa, nacida en 1971, tiene unas cuantas filiales. “Es así que estamos en El Pinar, en Maldonado, Nueva Helvecia, Florida, Minas. Estamos trabajando en la construcción de una escuela en Treinta y Tres, otra en Paysandú, en Rivera y otra en Tacuarembó. En este departamento estamos haciendo cursos tales como el de

mantenimiento y prevención de fallas en maquinarias agroindustriales. Enseñamos hidráulica, neumática. Cursos cortos para que la gente sepa cómo cuidar esa maquinaria que a veces queda a su cargo y en la que puede aparecer una falla. Esos cursos que simplemente dignifican al hombre, sumando a la sociedad a veces en cosas que

faltan. Y ahí es que estamos siempre innovando, pensando en qué es necesario hacer. Tenemos cursos de turismo u hotelería, o educación inicial, que empezamos hace 37 años, cuando todavía no existía dignificación

de lo preescolar, la escuela Ma-Pa –por eso el nombre- ya trabajaba en cursos para padres y allí marcamos una visión en el sentido de que la base de la estructura de la dignificación del hombre parte de Mamá y Papá y de esas 7 C que mencionamos al principio”.


Nota extraida de Revista Somos Uruguay No. 19 – Febrero 2009

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